viernes, 17 de marzo de 2017

LECTURAS Y COMENTARIO III DOMINGO CUARESMA CICLO A - 19 MARZO 2017

ADORAR EN ESPÍRITU Y EN VERDAD



ORACION COLECTA

Señor, Padre de misericordia y origen de todo bien, que aceptas el ayuno, la oración y la limosna como remedio de nuestros pecados, mira con amor a tu pueblo penitente y restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de las culpas. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Éxodo 17, 3-7

En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés: ¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?.
Clamó Moisés al Señor y dijo: ¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen. Respondió el Señor a Moisés: Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo. Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Massá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor diciendo: ¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?.

SALMO RESPONSORIAL (94)

Escucharemos tu voz, Señor.

Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, vitoreándolo al son de instrumentos. R

Entren, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios  y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R.

Ojalá escuchemos hoy su voz: «No endurezcan el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto, cuando sus padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.». R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 5, 1-2. 5-8

Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.  Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de los Hijos de Dios. La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas,
en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; más la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Juan 4, 5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo
que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: Dame de beber. (Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida). La Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contesto: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice: Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?.
Jesús le contesta: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. La mujer le dice: Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.  El le dice: Anda, llama a tu marido y vuelve. La mujer le contesta: No tengo marido.
Jesús le dice: Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad. La mujer le dice:  Señor, veo que tu eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y ustedes digan que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.
Jesús le dice: Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén darán culto al Padre. Ustedes dan culto a uno que no conocen; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adoraran al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.
La mujer le dice: Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo. Jesús le dice: Soy yo: el que habla contigo.  En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?.»
La mujer, entonces, dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: Vengan a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será éste el Mesías?. Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: El les dijo: Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocéis. Los discípulos comentaban entre ellos: ¿Le habrá traído alguien de comer?: Jesús les dijo: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.
¿No digan ustedes que faltan todavía cuatro meses para la cosecha?. Yo les digo esto: Levantad los ojos y contemplen los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así se alegran lo mismo sembrador y segador.
Con todo, tiene razón el proverbio «Uno siembra y otro siega.». Yo les envié a segar lo que no han sudado. Otros sudaron y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.  En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él [por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»]
Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: Ya no creemos por lo que tú dices, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

COMENTARIO

La samaritana se acerca con curiosidad al hombre que está sentado en el borde del pozo ¿Por qué no pensar que soy yo al que él está esperando?. Es a mí a quien dice: “Dame de beber”. Pero pronto concretará: “Si conocieras el don de Dios, le pedirías tú a él te daría agua viva”. Curiosa alternancia de esta doble sed. “Dame, dice Jesús, luego: “Pídeme”. Y un poco más adelante: “el Padre pide verdaderos adoradores”. Estamos en las cumbres de la revelación. Sabíamos que Dios podía apagar nuestra sed, pero sin este evangelio, ¿Quién se atrevería a pensar  que Dios tiene sed de nosotros?.
La única manera de ser digno de eta fe es tener sed de él. Deseo por deseo, amor por amor.
Así es como hay que pedir el agua que nos dará deseos de Dios: “Pídeme el agua viva y yo haré que brote en ti una fuente de amor. Podrás ser uno de esos adoradores que busca el Padre”. ¿Adorador?. Surgen ciertas imágenes personas que se postran ante un ídolo. ¿Qué Dios es ése que busca nuestras postraciones? Es Dios. No hay nada que pueda cambiar este dato de nuestra relación con él: él es Dios, pero no busca sólo adoradores, busca verdaderos adoradores. Esta precisión tiene una importancia enorme. Sólo los verdaderos adoradores le rinden amor por amor, sin dejar de tratarle como Dios. Si no, se falsea la realidad, nuestro amor no alcanza a Dios y nos encontramos en medio de una ilusión.
Acabo de poner amor en lugar de adoración, porque sabemos que Dios nos ama y espera nuestro amor. 
Pero para no engañarse sobre ese amor ten extraño que puede unir a un hombre con Dios, hay que ahondar en esa idea de adoración.
No se trata ni mucho menos de adorar a un ídolo, se trata de saber amar a Dios sin perder jamás el sentimiento de su majestad.
Por eso se ha hecho celebre una expresión del evangelio de hoy, porque define perfectamente la verdadera adoración: “Hay que adorar a Dios en espíritu y en verdad”.
Así pues, aquí hemos de enfocar bien la verdad. Si recordamos que para Juan verdad evoca siempre a Jesús (“yo soy la verdad”), ha hablado de Jesús. Al revelarnos la verdad sobre el Padre, sobre él mismo y sobre su relación con el Padre, nos enseña  a adorar “en verdad”. Esto quiere decir: amar al Padre como lo sabe amar Jesús.
Pero sólo El espíritu puede darnos los mismos sentimientos de Jesús.
Adorar “en espíritu” significa estar inspirado por el Espíritu cuando queremos amar al Padre a la manera de Jesús. Seguramente palpan hasta qué punto la verdadera adoración es trinitaria.
La cita con Jesús al pozo de Jacob nos ofrece el triple colorido de nuestra adoración: sube directamente al Padre cuando, bajo la influencia del Espíritu, se alimenta de toda la verdad que nos viene de Jesús.

PLEGARIA UNIVERSAL

Oremos al Señor nuestro Dios, fuente de agua viva. Respondemos: Escúchanos Señor.

1.- Por todos los que nos llamamos cristianos. Para que se despierte en nosotros, como en la mujer samaritana, la sed de profundizarla en la fe. Escúchanos Señor.

2.- Por los que no conocen el don de Dios y buscan insaciablemente: para que descubran el surtidor de agua viva, que salta hasta la vida eterna.  Escúchanos Señor.

3.- Por los que sienten saciados y tienen embotada su sensibilidad: para que se despierte en ellos el hambre del otro pan y la sed del agua que calma toda sed. Escúchanos Señor

4.- Por nosotros: para que conozcamos más y mejor e don de Dios, la persona de Cristo y aprendamos a ver la vida de un modo nuevo. Escúchanos Señor.

Señor Dios nuestro, tu calmaste la sed de tú pueblo, haciendo brotar el agua de la roca y por medio de tu Hijo diste a la samaritana el agua de la vida; atiende a  nuestra suplicas, darnos de beber, derrama sobre nosotros el agua de tu Espíritu. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Te pedimos, Señor, que la celebración de esta eucaristía perdone nuestras deudas y nos ayude a perdonar a nuestros deudores. Por Jesucristo nuestro Señor.


ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Alimentados ya en la tierra con el pan del cielo, prenda de eterna salvación, te suplicamos Señor, que se haga realidad en nuestra vida lo que hemos recibido en este sacramento. Por Jesucristo nuestro Señor.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 20: Sam. 7, 4-5.12-14.16; Sal 88; Rom. 4, 13-16-18; Mt. 1, 16.18.21-24a.
Martes 21: Dn. 3, 25.34-43; Sal 24; Mt. 18, 21-35.
Miércoles 22: Dt. 4, 1.5-9; Sal 147, Mt. 5, 17-19.
Jueves 23:  Jr. 7, 23-28; Sal 94; lc. 11, 14-23.
Viernes 24: Os. 14, 2-10; Sal 80; Mc. 12, 28b-34.
Sábado 25: Is. 7, 10-14; Sal 39; Hb. 10, 4-10; Lc. 1, 26-38
Domingo 26: 1Sm. 16, 1b.6-7.10-13ª; Sal 22; Ef. 5, 8-14; jn. 9, 1-41.


COMENTARIOS AL EVANGELIO
Jn 4. 5-42

1. AGUA/V.
Texto. Se puede dividir en cinco secuencias. Te recomiendo el siguiente procedimiento: leer primero cada secuencia en la Biblia que tengas a mano y después pasar a lo que aquí se dice.
1a.-vv. 5-6.Son la composición de lugar. Todas las indicaciones están en función de lo que vendrá después. Todas son importantes, pero su razón de ser no la percibimos hasta más adelante. Basta por ahora visualizarlas: Samaría, pozo de Jacob, cansancio, sentado, sobre mediodía.
2a.-vv. 7-26. Jesús y la mujer a solas. No tienen más conocimiento inicial el uno del otro que el de su origen judío y samaritano respectivamente. Un conocimiento que en vez de unirlos los separa y enfrenta. Desde el s. V a.C. la escisión de Judea y Samaría era total. Expresión de esta escisión: templos diferentes, recensiones diferentes de la Torá o cinco libros de Moisés. Podemos decir que, inicialmente al menos, no dialogan personas individualizadas sino personajes-tipo que ilustran tradiciones y concepciones diferentes y enfrentadas.
Pero ambas tienen una necesidad común, cuyo símbolo es el agua. Desde el primer momento Jesús cuestiona el agua samaritana y lo hace en nombre de otra agua, que sin embargo tampoco es judía. No podemos olvidar que el autor del cuarto evangelio nos ha presentado antes a Jesús cuestionando el templo judío (cf. Jn 2. 13-16) y lo va a volver a cuestionar aquí en el v. 21. En realidad, pues, el autor opera con un triángulo judío-samaritano-jesuano. El triángulo ocupa un espacio religioso, el mismo espacio religioso. Los tres ángulos apuntan a los mismos orígenes, que, pasando por los patriarcas (Jacob era uno de ellos), se remontan hasta Dios (Yavé). Pero los tres interpretan lo mismo de distinta manera.
Cada uno tiene sus símbolos. Judea, el templo de Jerusalén; Samaría, el de Garizín; Jesús, el aire (La misma palabra griega significa aire y espíritu). Frente a judíos y samaritanos, Jesús ilustra una concepción distinta de Dios. En términos del diálogo: Jesús trae el don de Dios, el agua viva que aplaca la sed. Y la aplaca porque la fuente es mejor y además se encuentra dentro del que bebe. Hay una contraposición, no perceptible en la traducción litúrgica, pero sí en el original, entre el pozo de Jacob y el pozo existente dentro del que bebe el agua que Jesús trae. Es el surtidor de la traducción en el v. 14. El pozo de Jacob tiene un agua contaminada: en él beben personas y animales. (Ironía y simbolismo del cuarto evangelista). El agua que Jesús trae es viva, es decir, limpia y cristalina. Pero para hacerse acreedora a ella, la samaritana tiene que salir de su Torá (los cinco maridos, los cinco libros de Moisés de la recensión samaritana) y de sus otros ritos religiosos (sexto hombre: desde siempre Samaría había cultivado un sincretismo judío-pagano). Tiene que salir y venir adonde está Jesús (lo espacial, de dónde, aquí, ir, adonde, salir, juega un papel simbólico muy importante en todo el relato). Jesús es el nuevo templo. En él es posible un tipo de vida religiosa que no lo es ni en Jerusalén ni en Garizín. Una vida cuyo símbolo es la movilidad, gracilidad y libertad del aire. En términos del diálogo: una vida en "espíritu y verdad". En vez de la vida plúmbea y falaz de una tradición-concepción basada en la ley y que no lleva sino al sacrificio del Cordero. (También lo temporal juega en el cuarto evangelio un papel estructural y simbólico muy importante). Jesús, sentado junto al pozo, dialoga con la samaritana "hacia el mediodía". A esta misma hora hará sentar Pilato a Jesús en Jn 19. 13-14. Es la hora de la matanza de los corderos a manos del personal encargado del Templo. Esta es la hora de la que en última instancia se habla en el diálogo, el cual, como comentábamos en el segundo domingo ordinario a propósito de Jn 1. 29-34, mira también hacia Pascua. Todo en el cuarto evangelio está orientado hacia la Pascua, hacia el Cordero glorificado en su misma muerte. "Yo soy, el que habla contigo".
3a.-vv. 27-30.Son versos puente, cuya única función es preparar la secuencia siguiente. Es importante la salida de la gente para acudir adonde está Jesús.
4a.-vv. 31-38.Es una secuencia-comentario de la salida de la gente y de su puesta en camino para acudir adonde está Jesús.
El autor concibe las secuencias 3 y 4 desarrollándose simultáneamente. La gente saliendo de la ciudad y acudiendo adonde Jesús está son los campos dorados. Es una secuencia alegre, con la alegría de la cosecha que llega. Atrás quedan el trabajo y el cansancio del sembrador. Donde la traducción litúrgica habla de sudar, el texto original habla de cansarse.
Es el cansancio del que se ha hablado en la primera secuencia y que ahora vemos que era también un símbolo. Jesús trae agua limpia, está construyendo un nuevo templo. Es la tarea y la obra que tiene encomendada, su alimento, su razón de ser. Pero es una tarea muy ardua y fatigosa, por las resistencias religiosas de los religiosos, por el riesgo mortal al que está expuesto. "Otros se han cansado". Se refiere al Padre y al Hijo. "Mi Padre hasta el presente sigue trabajando y yo también trabajo" (Jn 5. 17). Los discípulos (en el cuarto evangelio sinónimo de cristianos) son los encargados de continuar la obra siempre inacabada, porque Jerusalén y Garizín no son antisignos del pecado, sino antisignos que nunca acaban de dejar de existir.
5a.-vv. 39-42.Se cierra ahora la tercera secuencia y todo el relato. Los samaritanos llegan adonde está Jesús y le piden que se quede con ellos. El autor amplía o limita la estancia de Jesús a dos días, tal vez porque quiere que el lector sitúe el siguiente relato en el marco del tercer día, el día de la resurrección según la tradición sinóptica. De hecho el siguiente relato habla de la curación de alguien que está para morir. Se trata probablemente de un ordenamiento muy intencionado para ilustrar que el mundo de Jesús no lleva a matar sino a hacer vivir, cobrando así todo su sentido la afirmación final de los samaritanos: "sabemos que él es de verdad el salvador del mundo".
No es fácil la lectura del texto de hoy. No lo es por su densidad narrativa y simbólica. Pero esta misma densidad le confiere riqueza y fuerza evocadora. Agua cristalina, aire puro, campos dorados, alegría del sembrador, cansancio fructífero, vida. ¡Este Dios y este mundo religioso sí que hechizan.
A. Benito, Dabar 1987/20



2.
Un lugar con reminiscencias históricas (vs. 5-6a): marco y ocasión para un diálogo entre dos personas pertenecientes a colectividades enfrentadas por razones políticas y religiosas (cfr. v.9). Un diálogo re-creado por Juan.
Agua que da el pozo de Jacob: para personas y animales (¡tremenda ironía!), sucia, no apaga la sed. Agua que da Jesús: clara, apaga la sed, genera vida. Reacción de la samaritana: Dame esa agua... No tendré que venir aquí (v. 15).
¿Aquí, al pozo? No, ¿Aquí, a Jesús? Sí. Llama a tu marido y vuelve aquí (v. 16). A la luz del v. 20, el término marido funciona también simbólicamente. Es otro modo de designar lo que antes ha llamado el autor "pozo de Jacob" y cuyo significado va a especificar ahora: los cinco primeros libros de la Biblia, de donde tanto judíos como samaritanos derivan su concepción y comportamiento religiosos. Esta concepción y comportamiento son agua sucia que, además, no apaga la sed, sumiendo al que la bebe en una desazón mortal (la desazón de la ley); ocultan al Padre y el talante que de El procede (=su Espíritu).
La tarea que Jesús tiene encomendada (cfr. Jn. 17,4) es descorrer el velo de la divinidad para que aparezca el rostro del Padre. Esto es lo que Jesús anuncia (cfr. v. 25); éste es su alimento (v. 32) y lo que le constituye en el salvador del mundo (v. 42). A esta tarea Juan la denomina "voluntad del que me envió" (v. 34).
¿Cuándo comienza a tomar cuerpo esta tarea? Cuando alguien decide "salir de" para ir al encuentro de Jesús. Esto es lo que Juan sintetiza en los vs. 28-30. Los siguientes versículos (31-38) son el comentario a la secuencia de escenas mencionadas en los vs. 29-30 y que se reanudan en el v. 39. La samaritana y sus paisanos saliendo al encuentro de Jesús son los campos ya dorados para la siega (v. 35). Inicialmente les mueve la curiosidad por conocer a alguien que descubre lo que uno mismo es y ha hecho (cfr. vs. 18, 25, 29 y 39). Es el comienzo, la chispa que genera un proceso que, a través del encuentro con Jesús, culmina en la adhesión a El como el salvador del mundo, por cuanto les pone en contacto con Dios-Padre. La curiosidad antropológica por Jesús genera un proceso de salida de una concepción y comportamiento basados en la ley para culminar en un encuentro con el Padre.
En los vs. 35-36 Juan formula la alegría de Jesús por este proceso que se está operando en los habitantes de Sicar. En este proceso toman parte el Padre y el Hijo. Juan formula esta participación en términos realísticos de trabajo físico: es un trabajo que no cansa. Su símbolo es el cansancio de Jesús sentado junto al pozo (v. 6), cansancio del que vuelve a hablarse en el v. 38, referido esta vez al Padre y a Jesús (la traducción litúrgica ha pasado por alto esta relación al traducir el mismo verbo griego de dos maneras distintas en el v. 6 y en el v. 38). Los discípulos también participan en este cansancio. Juan establece su grado de participación con una imagen agrícola: sembrador (Padre e Hijo), segador (discípulos).
Dabar 1978/16



3.
Contexto. Invitación de Jesús a destruir el templo y a sustituirlo por su cuerpo, que, levantado en alto, será expresión de un nuevo tipo de culto.
Texto. Marco y circunstancias (vs. 5-6). Diálogo Jesús-mujer en ausencia de los discípulos, quienes se habían ido a la ciudad a comprar alimentos (vs. 7-26). Vuelta de los discípulos (v. 27). La mujer deja entonces el cántaro y se va a la ciudad a hablar con la gente (vs. 28-29). La gente deja la ciudad y se pone en camino hacia Jesús (v. 30). Diálogo Jesús-discípulos mientras la gente viene de camino hacia Jesús (vs. 31-38). Llegada de la gente creándose una situación nueva (vs. 39-42).
Son importantes dos detalles de montaje. El diálogo Jesús-discípulos tiene lugar "mientras" la gente "está de camino" hacia Jesús. Las palabras de Jesús durante este diálogo son un comentario a "ese camino hacia él". A este "estar en camino" se le llama "alimento".
La mujer se ausenta del primer plano de la escena "dejando el cántaro" en ese primer plano.
Sentido del texto. El diálogo comienza bajo el signo de lo razonable, dada la situación y los personajes. Pero es sólo razonable a un nivel de superficie. A partir del v. 10 comienza la profundización de los personajes y de la situación. Primero bajo el símbolo del agua. Dos tipos contrapuestos de agua: agua que corre, viva, y agua contenida en un pozo, donde beben personas y animales (típica ironía del autor). La mujer pide del primer tipo de agua para no tener que venir "aquí" (=pozo de agua estancada.Nueva ironía). ¡Pero es precisamente "aquí" donde tiene que venir! Aquí=Jesús. Típico doble juego del autor con las palabras.
El diálogo pasa del símbolo "agua" al símbolo "maridos". Es la propia mujer quien facilita la clave en el v. 20: el culto. 
La mujer está interesada por el lugar del culto. Planteamiento clásico, polémico entre judíos y samaritanos. El "aquí" lo ha interpretado en sentido local. Jesús nuevamente supera este planteamiento: llega una "hora". La salvación, por supuesto, tiene una etnia, una matriz histórica: la judía. Pero esta etnia no debe extrapolarse primándola o privilegiándola.
Cuando esto sucede, Jesús purifica lo religioso de sus adulteraciones y adherencias extrañas: el lugar se sustituye por la hora, lo étnico por lo existencial. Esta "hora" tiene también su lugar, pero ¡éste es el de la cruz! Aquí se expresa, se manifiesta una verdad, un espíritu, un talante: el de Dios y el de Jesús. Se trata de un verdadero y auténtico trabajo agotador. ¡Qué fatiga ser Dios! El autor, de entrada, nos ha presentado a Jesús sentado por el cansancio: eran sobre las doce. Compárese con Jn. 19, 13-14: Pilatos manda sentar a Jesús: eran sobre las doce.
Hay, pues, que dejar el cántaro: el agua estancada, el templo. Ya no sirven. comienza la marcha hacia Jesús, la peregrinación hacia el nuevo templo. Esta constituye, como veíamos, el tema del diálogo de Jesús, con sus discípulos. Ella son "los campos dorados para la siega" (v. 35). Estos campos tienen un sembrador (el Padre) y un segador (Jesús). Ambos son "los otros que se han cansado" (v. 38, léase desde aquí, el cansancio al que se refería el autor al comienzo del relato). Pero, junto con el cansancio, la alegría de ambos (vs. 36-37).
La obra del Padre (obra en sentido de trabajo) consiste en tener un rostro con unos rasgos concretos. Con la ida de la gente hacia donde está Jesús, este trabajo está llegando a resultados concretos. En este trabajo está comprometido el Padre (=voluntad). Voluntad, pues, como decisión, como compromiso adquirido para llevar adelante una tarea. No como reglamentación que hay que consultar, expresada, formulada y cosificada en una tabla de preceptos o mandamientos y sancionada después en y por un templo.
En esta voluntad así concebida, en este compromiso, en esta tarea está comprometido también Jesús. El toma el relevo del Padre, llevando a cumplimiento la tarea de éste. Si el Padre es el sembrador, el Hijo es el segador.
Esta es la tarea en la que han entrado también los discípulos, el cansancio con el que se han solidarizado (v. 38b). El mismo trabajo que el Hijo: segadores (v. 38a). El trabajo nunca terminado de depurar el hecho religioso dándose a Dios un rostro con rasgos concretos y definidos. Indudablemente, el autor es consciente de que el rostro del Padre estaba ya desfigurándose en la Iglesia de su tiempo; su Iglesia se estaba convirtiendo en religión con una divinidad.
Por esto Jesús se hace acreedor al título de "salvador del mundo". Salvador ¿de qué? Permítaseme una expresión fuerte: de la religión, simbolizada en ese cántaro del que la mujer se desembarazó.
Dabar 1981/20



La vida nómada de los patriarcas iba de un sitio con agua a otro y los más célebres de entre ellos fueron los que cavaron pozos abundantemente provistos de agua para su familia y ganado. Así lo hicieron Abrahán (Gn 26. 12-22) y sin duda también Jacob, si hemos de atenernos a la tradición recogida por el evangelio (vv. 5 y 12). Jesús se presenta, pues, a la Samaritana como un nuevo excavador de pozos de agua viva. Pero ese agua no brota de la tierra: es, en Jesús, un don del cielo, una vida eterna (VV. 10 y 14). Cristo piensa seguramente en las profecías de Am 4. 4-8; 8. 11, en donde la fuente de agua simboliza la palabra de Dios; de Is 12. 1-4 en donde la fuente de agua representa la liberación que nos trae Dios; de Jr 17. 6-8, en donde la fuente de agua viva es la de la sabiduría y de la ley de Dios.
J/REVELA/H: Pero el relato no se detiene en los temas del agua y del pan tan sólo para descubrir la personalidad de Jesús. El evangelio de Juan es uno de los más cargados de interrogantes en torno a la persona de Jesús (Jn 7. 27; 19. 9; 1. 38; 13. 36; 16. 5; 8.14; 9. 29). Se descubre toda la densidad humana de su humanidad en la fatiga (v. 6) y la sed (v. 7) pero se vislumbran inmediatamente orígenes trascendentes. Y es porque Jesús ha integrado perfectamente a su personalidad esa zona más profunda en él que es la participación en lo absoluto y comunión con el Padre. Y revela al mismo tiempo a cada hombre su propia personalidad (v. 14), ya que cada uno puede descubrir, gracias a Cristo, esa misma zona de participación en lo absoluto y de comunión con el Padre. Jesús no se limita, pues, a proporcionar el agua viva como desde el exterior: revela a cada hombre a sí mismo y le descubre el misterio de su personalidad, allí donde se alcanza la fuente de agua viva en uno mismo (Jn 7. 38). Este descubrimiento de la personalidad de cada uno es probablemente lo que en cierto modo se dibuja en el discurso en que Jesús desvela progresivamente a la samaritana quién es ella (VV. 17 y 29).
Se advertirá que Jesús no habla del agua viva sino a una persona a quien Él pide que sirva agua natural a un amigo; que no habla de pan eterno, sino a los apóstoles a quienes ha enviado previamente a buscar el pan material que calma el hambre y la fatiga. En otras palabras: la personalidad de Jesús no la captan más que los hombres que buscan pan y agua para sus hermanos. Es inútil discutir del misterio de Jesús con gentes que no se han comprometido en lo profano. Jesús no está por encima ni al margen de esas tareas; sólo está dentro y más allá.
Maertens-Frisque, Nueva Guia de la Asamblea Cristiana III, Marova Madrid 1969.Pág. 115



5.
La samaritana se acerca con curiosidad al hombre que está sentado en el brocal del pozo. Como Jesús está vivo, como cada una de estas meditaciones es una cita de amor con Jesús que vive hoy, ¿por qué no pensar que soy yo al que él está esperando? Es a mí a quien dice: "Dame de beber".
Pero pronto concretará: "Si conocieras el don de Dios, le pedirías tú a él y él te daría agua viva".
Curiosa alternancia de esta doble sed. "Dame, dice Jesús; luego: "Pídeme". Y un poco más adelante: "El Padre pide verdaderos adoradores". Estamos en las cumbres de la revelación. Sabíamos que Dios podía apagar nuestra sed, pero sin este evangelio, ¿quién se atrevería a pensar que Dios tiene sed de nosotros? La única manera de ser digno de esta fe es tener sed de él.
Deseo por deseo, amor por amor. Así es como hay que pedir el agua que nos dará deseos de Dios: "Pídeme el agua viva y yo haré que brote en ti una fuente de amor. Podrás ser uno de esos adoradores que busca el Padre".
Andre Seve, El Evang. de los Domingos, Edit. Verbo Divino Estella 1984.Pág. 195



-Tener sed de lo esencial A veces, en la vida, hemos tenido la suerte de caer cabe personas que nos han ayudado a comprender todo lo que hemos hecho en la vida; nos han explicado, desde su experiencia y saber, todos nuestros funcionamientos psicológicos y comportamentales. Y esas personas se han convertido para nosotros en algo así como en luz que nos sorprende. Región de Samaría. Un día de calor. Una mujer va a sacar agua.
En el brocal del pozo está sentado un judío. Tiene cara de paz. No le importa nada. Sólo le importa lo esencial. Es un hombre raro: quiere, no atrapa. Es un hombre raro: no pide lo que piden todos los hombres; este hombre lleva a la persona a su verdad, a su intimidad, a su propia responsabilidad. Este hombre es la Verdad y dice la verdad y pone en camino hacia la verdad. No se ha visto un caso semejante.
-Venid a ver un hombre que me ha llevado a la verdad.
-Pero, ¿cuál es tu verdad? Tu verdad y mi verdad es que en el fondo somos unos sedientos.
Y no hacemos nada más que beber en aguas que no quitan la sed.
Sentimos necesidad de amor, pero bebemos egoísmo para aplacar la sed. Sentimos necesidad de felicidad y bebemos entretenimientos pasajeros. Sentimos necesidad de hondura y nos alimentamos de superficialidad que vacía el corazón. Quien se acerca a este Hombre experimenta que lo esencial es lo único que quita la sed. Más, sentimos, como la samaritana, que lo fundamental es creer en Él y seguir sus pasos.
Alvaro Ginel, Celebrar la Cuaresma, C.C.S./Madrid/Pág. 149



El proceso de la mujer samaritana es un camino típico hacia la fe: la mujer se siente conocida, pero intenta desviar el encuentro hacia temas secundarios, huyendo del planteamiento personal. Todos tememos los planteamientos personales, porque llevan necesariamente a compromisos imprevisibles y costosos.
Sin embargo, el camino de la fe pasa necesariamente por el planteamiento y la aceptación de los problemas personales, porque existe una profunda relación entre conocernos personalmente y amarnos, entre ser conocidos y sentirnos amados. De este sentirnos amados nace la posibilidad de abrirnos al don que Dios nos ofrece por Jesús. Don ofrecido sin otra condición previa que el reconocer que tenemos necesidad de Él, que lo anhelamos. (...)
-"¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". Jesús no se fija en la provocación, no acepta el diálogo en el plano del enfrentamiento ni de las puyas.
Escucha el desahogo de la mujer. Sabe que, con frecuencia, es una careta que esconde un profundo sufrimiento. (...).
-El agua viva no brota de la tierra; es, en Jesús, un don del Padre, una vida eterna. La mujer no conoce más agua que la del pozo y piensa que el agua ha de extraerse con el esfuerzo humano. No conoce ni se imagina un don gratuito de Dios. (...)
-La insaciable sed humana no tiene pozos suficientes para saciarse. En cada pozo de agua nos llevamos a la boca un ardiente desierto, aunque estemos convencidos de que tenemos suficiente frescura y humedad para vivir.
Jesús nos plantea la desproporción entre la sed del hombre y las posibilidades que ofrecen las criaturas y la sociedad para apagarla. El corazón del hombre ha sido creado demasiado grande, y todas las posibilidades que nos ofrece la sociedad nos dejan un enorme vacío, que está necesitando de algo infinito para llenarlo. El agua que nos ofrecen todos los pozos que se encuentran por los caminos del mundo solamente nos pueden calmar de momento la sed. Pero la sed de infinito aparece cada vez con más insistencia y nos exige un agua superior para acallarla.
Frente a las propuestas humanas, Jesús nos presenta también las suyas. Al agua del pozo propone el agua que brota para la vida eterna. Un agua que bastará beber una vez para que la sed se calme para siempre, porque el Espíritu quedará interiorizado en el hombre. Es el "nuevo nacimiento", desarrollado en la entrevista con Nicodemo (Jn 3. 1-21). Jesús no condena nuestras pobres alegrías; lo que hace es proponernos algo mejor, más definitivo. Y este algo tiene que brotar de dentro, porque las ilusiones, el deseo de infinito, lo tenemos dentro de nosotros y dentro tenemos que descubrirlo.
Nos quedaríamos lejos de lo que es la fe si nos limitáramos a un encuentro con Jesús como con Alguien que está fuera de nosotros. Es fundamental su afirmación: "El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna". El Espíritu que Él comunica se convierte dentro de cada hombre en un manantial que brota continuamente y que continuamente da vida y fecundidad, un manantial que va desarrollando a cada uno en su verdadera dimensión humana.
La vida verdadera, la que sacia el corazón humano, no está fuera del hombre: brota de sí mismo. Jesús no nos proporciona el agua viva desde el exterior: nos descubre a cada uno el misterio de nuestra propia personalidad, nos revela a nosotros mismos. Este descubrimiento es el que se va dibujando en sus palabras, con las que progresivamente va desvelando a la samaritana quién es ella. Por eso no habla del agua viva más que a una persona que busca agua y a la que antes le ha pedido que dé de beber a un enemigo. La personalidad de Jesús, su agua viva, no la captan más que los hombres que buscan, para sí y para los demás, "agua" que sacie sus vidas. (...) El primer paso para acceder al agua viva es la sinceridad con nosotros mismos. Es el paso más difícil: esa sutil y alta barrera que nos impide ver más allá de lo que queremos ver.
Para alimentar esta barrera nos permitimos todo: cerrar los ojos, no escuchar, ponernos la máscara que oculte nuestra insatisfacción, aferrarnos a ritos... Todos tenemos nuestra forma de mentirnos a nosotros mismos. Todos tenemos miedo a nuestra verdad desnuda. La samaritana es símbolo de Samaria. Los cinco maridos y el actual, pueden describir el pasado y el presente irregulares de aquella mujer; y pueden ser también símbolo de los samaritanos, que tuvieron cinco dioses, y el que actualmente tienen -Yahvé-, lo tienen de forma ilegítima (ver 2 R 17. 30-33).
El marido representa la búsqueda de seguridades opuestas al designio de Dios, toda alianza contraria a la suya, la pretensión engañosa de encontrar solución fuera de Él, todo aquello a lo que nos atamos como un refugio a nuestra debilidad y mediocridad. Esta mujer buscaba en el marido lo que no encontraba dentro de sí misma. Pero el marido no le podía dar lo que buscaba su corazón; por eso reconoció que no tenía marido, que su felicidad era totalmente artificial.
Samaria había traicionado a Dios, el Esposo del pueblo, buscando otros apoyos. Pero no había apagado su sed, traducida en esa búsqueda incesante de maridos, que no la habían llevado al encuentro del único Dios. El agua que le dé Jesús satisfará su sed, será el encuentro definitivo con el Dios verdadero.
Francisco Bartolome Gonzalez, Acercamiento a Jesus de Nazaret – 1, Paulinas / Madrid 1985.Pág. 271-285



Texto. Durante tres domingos la tercera lectura estará tomada del cuarto Evangelio. Su autor tiene un peculiar modo de escribir, probablemente más complejo que el de los autores sinópticos. Hoy comienza presentando la situación-marco, ninguno de cuyos datos va a resultar indiferente. El espacio es la heterodoxa Samaria, según el punto de vista jerosolimitano- judío. Las referencias a Jacob y a su hijo José empalman con la conciencia samaritana de pertenecía al Pueblo de Dios original, por encima de disensiones y conflictos posteriores, y en concreto con la conciencia de pertenecer también a la linea real de José. El tiempo (alrededor de mediodía) y la postura sentada de Jesús anticipan y preparan la escena de Pilatos y Jesús en Jn. 19, 13-14. El cansancio adquirirá, como veremos, su verdadero sentido en el posterior diálogo de Jesús con sus discípulos.
El diálogo entre la mujer y Jesús es el diálogo de dos personas distanciadas en razón de su pertenencia a colectivos enfrentados: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí que soy samaritana? (mujer). Vosotros los samaritanos no sabéis lo que adoráis; nosotros sí lo sabemos, porque la salvación viene de los judíos (Jesús).
En primera instancia no son tanto dos personas las que dialogan, cuanto dos colectivos, dos modos diferentes de sentirse y de ser Pueblo de Dios. Cada uno de los interlocutores se identifica con su respectivo colectivo. Y así vemos a Jesús echando en cara a la mujer algo inaceptable para los judíos; los samaritanos no aceptaban más que los cinco libros de Moisés y un sexto, el de Josué. Esta era toda la Escritura santa que los samaritanos reconocían. Son los seis maridos de la mujer.
El lector percibe en seguida que las preferencias del autor se decantan por los judíos en contra de los samaritanos. Haciendo gala de lo que se ha dado en llamar ironía joánica; la mujer pronuncia sin querer un veredicto condenatorio de todo el sistema religioso samaritano: Jacob, nuestro antepasado, nos dejó este pozo, del que bebió él mismo, sus hijos y sus ganados. ¡Personas y animales bebiendo del mismo pozo! Su agua tenía que estar por fuerza sucia y contaminada.
En segunda instancia el lector detecta que la identificación de Jesús con el colectivo o sistema religioso judío es sólo parcial y que, en todo caso, la persona de Jesús emerge con nitidez y fuerza sobre ese colectivo. El don de Dios y el agua viva no van ligados al sistema religioso judío, sino a la persona de Jesús en exclusividad. La magnitud de esa persona es tal que es a ella a quien debe acudir la mujer y no al sistema religioso judío. Fijémonos en el juego polisémico del adverbio "aquí" en los vs. 15-16: Jesús, dame de esa agua; así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí (al pozo) a sacarla. Jesús le dijo: Vete a tu casa, llama a tu marido y vuelve aquí (a Jesús). La mujer es invitada a salir de su sistema religioso y a venir a Jesús.
Pero la culminación de la no identificación de Jesús con ninguno de los dos colectivos se encuentra en el "se acerca la hora, mejor dicho, ha llegado ya" del v. 23. El lector detecta en tercera instancia que la identificación de Jesús no es ni con samaritanos ni con judíos, sino con el Padre. Jesús desvela el rostro divino que los sistemas religiosos samaritano y judío estaban velando. Jesús, y no estos sistemas, da a conocer quién es Dios (véase Jn, 1, 18). De ambos, pues, será necesario salir e ir adonde está Jesús.
En el v. 27 el texto deja de ser diálogo y se hace narrativo con una doble finalidad: introducir en escena a los discípulos, próximos interlocutores de Jesús, y presentar la situación sobre la que versará ese próximo diálogo. Esa situación es la de la gente del pueblo acudiendo adonde está Jesús o, para ser más exactos, saliendo de su sistema de vida para ir al encuentro de Jesús.
El diálogo entre Jesús y los discípulos abarca los vs. 31-38. Como es habitual en el cuarto Evangelio, el diálogo no tiene un único nivel de sentido, debido al deliberado juego polisémico de los términos y de las imágenes empleadas (comer, alimento, cosecha, sembrador, segador). En el nivel de sentido profundo la invitación de Jesús a los discípulos a que contemplen los campos dorados para la siega se refiere al hecho de las gentes del pueblo saliendo al encuentro de Jesús.
En este nivel profundo el juego de equiparaciones es el siguiente: campos dorados=gentes al encuentro, sembrador=Jesús; segadores=los discípulos. Es en esta fase del texto donde adquiere todo su sentido el cansancio del que hablaba el autor cuando, al comienzo, presentaba a Jesús sentado junto al pozo. No se trata del cansancio del camino (primer nivel de sentido), sino del cansancio por el esfuerzo de ayudar a las gentes a salir de su sistema religioso (nivel profundo de sentido). Es una lástima que la traducción litúrgica no haya traducido uniformemente.
El verbo sudar y el sustantivo sudor del v. 38 traducen los términos cansar y cansancio del original. Exactamente el mismo término empleado al comienzo en el v. 6. El alimento de Jesús es una tarea, un trabajo: ayudar a las gentes a salir de un sistema religioso que vela el rostro de Dios. Se trata de la misma tarea, del mismo trabajo que Dios realiza. Jesús lleva así a término la obra iniciada por Dios de querer que los hombres conozcan su verdadero rostro. La voluntad de Dios consiste en que Jesús lleve adelante esa obra. Enviante y enviado están identificados en comunidad de tarea, de trabajo, de cansancio: Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores. Esos otros son el Padre y Jesús.
El texto finaliza con un apunte narrativo del autor. Las gentes del pueblo, desde su experiencia religiosa samaritana y desde el encuentro con Jesús, proclaman que Jesús es de verdad el salvador del mundo.
Comentario. Por imperativo de espacio tiene que ser telegráfico. Samaritano y judío no son conceptos étnicos, sino sistemas religiosos, mediaciones de Dios. Hoy, como entonces, son necesarias las mediaciones religiosas. Hoy, como entonces, tales mediaciones pueden, aun sin pretenderlo, desfigurar o velar el rostro de Dios. Hoy, como entonces, sigue vigente la invitación a salirse del sistema religioso y a encontrarse con Jesús. Por necesarias que sean las mediaciones religiosas, éstas no pueden pretender tener el valor absoluto de Jesús, el don de Dios, el agua viva, el salvador del mundo.
Los esfuerzos de Dios para dar a conocer a los hombres su verdadero rostro no siempre corren parejos con los esfuerzos de las personas que apelan a Dios. Los esfuerzos de Dios, el cansancio de Dios. ¿Habíamos pensado alguna vez en este aspecto de Dios que nos ofrece el cuarto Evangelio?
Alberto Benito, Dabar 1990/19



Los exegetas discuten el verdadero significado de los v. 16-18. ¿Habla Jesús de la problemática vida privada de la mujer, que aparecería así como "una mujer con pasado", con lo que resultaría ciertamente extraño que Jesús no hiciera ninguna observación al respecto ni entrase para nada en el asunto, contentándose con la simple consignación de unos hechos, o los versículos tienen más bien un sentido simbólico y tipológico? (...) Es un tipo, pero no de una mujer lastimosamente depravada, que vive en el máximo desorden matrimonial, sino un símbolo del samaritanismo, una personificación de la comunidad samaritana. Los cinco maridos no son los hombres con los que la mujer ha cohabitado, tampoco el sexto varón es un personaje real. "Se trata más bien de una alusión transparente y simbólica al pasado y al presente de la comunidad religiosa samaritana. Según 2R 17,21ss, el rey asirio Sargón, tras la conquista de Samaría (722 a.C.) se llevó a los habitantes, asentando en su lugar a parte de cinco pueblos diferentes de la parte oriental de su imperio, los cuales siguieron adorando en su nuevo hogar a sus cinco dioses antiguos" (Strathmann). El sexto hombre sería, según ello, la acogida suplementaria del culto de Yahveh, que como tal no era el culto debido y, por tanto, era un culto ilegítimo. "Más bien se hablaría de la situación religiosa de los samaritanos bajo la imagen del matrimonio, tan frecuente en el profeta Oseas". Resultado: "La mujer con sus relaciones matrimoniales no es, pues, más que una figura simbólica, a la cual el evangelista ha conferido a medias la vida de un personaje concreto".
El NT y su mensaje, El Evang. segun S. Juan. 04-1ª, Herder Barcelona 1983.Pág. 319 S



3-10.
Para todos los sedientos: hay una solución definitiva. No es el pozo de Jacob, que es viejo y que se agota. La solución definitiva es hacer un nuevo pozo y meterle dentro; la solución definitiva es beber del agua de Cristo. La solución definitiva es Cristo. Cristo es el Moisés perfecto, que va a sacar nueva agua de su roca para saciar toda la sed del mundo.
La página del evangelio es bellísima y sugerente, llena de sentido. ¿A qué atendemos más: a la sed o al agua, a la mujer del cántaro o al hombre que pide de beber? Ese hombre cautiva, tiene sed y ofrece agua, está cansado y libera de las cargas, pregunta cosas y lo sabe todo, parece un extraño y se mete en el corazón. En él se concentra toda la sed del mundo, todos los deseos y los interrogantes de la mujer; pero en él están todas las respuestas y todos los manantiales.
Lo único que se necesita es acercarse a él, o dejar que él se acerque a nosotros, y acogerle y pedirle. El no se impone, se ofrece: «Si conocieras el don de Dios», si supieras, si quisieras...
Caritas, Rios del Corazon, Cuaresma y Pascua 1993.Pág. 70



¿La sed? ¡No la conozco! Sí, el hombre de hoy muere muchas veces de no tener sed. Sus deseos son demasiado rápidamente satisfechos. Su vida transcurre sin un objetivo. Sus aspiraciones están a ras del suelo. Y nos quedamos perfectamente satisfechos con aguas estancadas. Pero entonces, ¿por qué ese deseo que renace sin cesar en nosotros? ¿Por qué esa impresión de vacío? "¿Por qué nos has hecho ir a Egipto? ¿Para hacernos morir de sed con nuestros hijos y nuestros rebaños?". "Si conocieras el don de Dios, él te daría agua viva". Si conocieras... Deja, pues, que ahonde en ti la sed que vanamente intentas engañar, y descubrirás la esperanza insondable. Ahonda tu deseo, ya que la vida está en las profundidades. No mires a la superficie, pues jamás soñarás lo bastante alto: Dios ha soñado antes que tú. Deseó durante seis días, antes de decidir que la obra de su corazón fuera el hombre modelado a partir del polvo de la tierra. "Si me hubieras pedido de ese agua, dice Dios, te habría dado agua viva". Dios sueña por ti, sueña con un futuro. Dios tiene los locos deseos de la juventud. Imagina que va a cambiar el mundo, y el mundo se transforma. Hermano, déjate agarrar por una renovación que no prescinde del pasado. Has tenido cinco maridos, pero es a ti a quien se revelan los secretos del Reino.
Déjate sumergir en la sed. Desear es ya nacer a otra cosa. Déjate abrir a lo que Dios quiera hacer de ti. Dios no está encerrado en el círculo de lo que nosotros llamamos "realidad". Para él todo puede ser deseado aún. Ni Garizim ni Jerusalén pueden contenerlo, pues nadie puede contener el agua que brota, y Dios se encuentra en el brocal del pozo. 
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El agua de la roca es la gracia de Cristo que calma la sed del hombre. Pero Pablo previno a los cristianos: la apertura a la gracia supone una verdadera sed, una búsqueda incansable de Dios. Ni los privilegios judíos ni los sacramentos cristianos constituyen en sí un seguro de salvación.
Dios cada dia, Siguiendo el leccionario ferial, Cuaresma y Tiempo Pascual, Sal Terrae/Santander 1989.Pág. 54



12.
Una página cautivadora y profunda. La sed de la mujer y la sed de Jesús. El agua del pozo y el agua del Espíritu. El amor sensual y el amor espiritual. La ley y la gracia. Los falsos dioses y el verdadero Dios. Los templos de piedra y los templos de carne. Adoración ritual y adoración en verdad. Judíos y samaritanos. ¡Cuántos contrastes, cuántas sugerencias, cuánta hondura, cuánta belleza, cuánto amor!
Se trata de esto: que «el esposo va a ofrecer su amor-Espíritu a Samaría la prostituida, que lo acepta. La nueva alianza anunciada en Caná se dirige a la humanidad entera y no va a fracasar» (J. Mateos).
La sed es la búsqueda de Dios o de los hombres. El agua del pozo es la ley y la sabiduría. El agua viva es la nueva vida. La nueva ley del Espíritu, y Cristo será el propio manantial. La samaritana es la mujer marginada, es el pueblo idolátrico. Y Jesús-manantial, el Mesías que está ahí y desea salvar. Pero no se impone: «Si conocieras» si quisieras... Y todo fue en la hora sexta, la hora de entrega más grande.
Caritas, Un camino mejor, Cuaresma 1987.Pág. 60